Experimental Experience

Si nacimos todos con un destino como lo dicen muchos de esos autores de libros sobre autoayuda y superación, pues conmigo creo se equivocaron, han pasado 23 años y un poco más y aún sigo pensando en cual será el paradero de mi cuerpo el día de mañana.

Generalmente no pienso en hacer cosas que satisfagan mi deseo de felicidad, siempre busco lo ordinario y enfermante de la vida. No encuentro razones dentro de una situación razonable, suelo equivocarme al caminar y dando vueltas llegó a sentir que pierdo tiempo siguiendo tus pasos.

Las cuerdas de una guitarra llenan un vació que escondo cada vez que dicen mi nombre, la letra de una canción o de algún escrito sobre un pasaje de mi vida o que invento tratando de disfrazar algo real, son rituales que repito siempre al borde de un abismo lleno de imágenes coloridas, sabrosas e inodoras.

Fríos días de semana pasan entre las calles con vientos que llevan y traen somnolientos latidos de un corazón roto. Al ras de la vida recuerdo haberte visto caminando a mi lado, sonriendo y saboreando un caramelo de fresa, y con sabor dulce de cualquier estación te despedías como siempre frente al mismo portal.

El viejo barrio donde crecimos se ve ahora vacío y callado, la gente con la que corríamos siguiendo una pelota o tratábamos de encontrar en juegos de niños se fueron para no volver, han volado tan lejos que pueden ser olvidados; también hay quien nos han olvidado por convicción, pero estamos los que sin darle premio a lo añorante y melancólico, conservamos la esencia de aquella vida que nos hizo felices.

(Texto elaborado hace un año y medio, sin haber sido publicado por parecer tonto. Ahora soy más valiente).

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