En una Banca con Mariel

Cuando las palabras suenan a abandonados pasajes de poesía estirada-romántica, y las hojas de un árbol acongojado caen sin parar por el viento que sin ánimos de presagiar cualquier final de historia sin fin, es ideal sentarse sobre una banca blanquecina y hablar con alguien que sabe escuchar:

- Cuéntame pues…. De cualquier cosa que hayas hecho en estos últimos días. Dijo Mariel.
- Pues nada interesante, sigo enamorado, ligeramente emocionado y con muchas ganas de llamarla. Dije.

Hay que encontrar una diferencia entre amor e ilusión. Cuando te ilusionas sueñas y vives por ti mismo involucrando a alguien más. Cuando amas, sueñas y vives por alguien más. “Así de simple… idiota” – hubiera amado recibir esta frase-

Me llama la atención la simpleza y a la vez complejidad que tienen los comentarios que uno puede dar y recibir sobre una banca, son tan geniales como escuchar a los beatles a las 2:25 am. Escribiendo sobre alguien que debe estar bebiendo en algún bar limeño, y hasta bailando ritmos que ni entiende, y quién sabe pensando en mi.

En medio de una brisa mundana con sabor a cemento y pasto saltan los motivos inesperados para compartir hasta un íntimo relato. Dándonos un tiempito lejos de casa.

Mariel me observa asombrada y hasta admirada - diría yo -, por la forma en la que cuento mis días, sonríe de vez en cuando y dice frases poéticas analizando la situación. Los muchachos siguen en la otra banca a unos metros de nosotros, ríen sinvergüenzamente a carcajadas de eso que llamamos, felizmente, “vida diaria”.

La señora chismosa de la tienda simulada ha cerrado. Y no hay dónde poder comprar otra cerveza personal para compartirla con mi pequeña compañera; sólo quedan dos cigarros y poco liquido, carencia que no debilitaba nuestra conversación tan amena y responsablemente amistosa, y también sentimental.

Hablamos durante horas sobre nuestros amores, dignos de ser leídos en cualquier libro de literatura contemporánea, de escuela insignificante, delicada y estatal.

Llego a la conclusión – solo, porque nunca se lo di a saber – de que simplemente el amor es así de perfecto, dar soluciones o manifestaciones pretenciosas tratando de llegar a una malcriada conclusión sería un pecado, sobre ese sentimiento paralelo que nos mantenía aun sentados en ese frío pedazo de piedra pulida, sucia y de mierda.

Nos hemos puesto de pie y caminamos unos metros hacia nuestros amigos, a paso suave para sentir el aire que cada vez se pone más frío. Nos acomodamos entre ellos, y todos juntos volvemos a hablar de nada.

Comentarios

MarieL* dijo…
tavo tavo tavo ... nunca llegaremos a esa conclusion, pero lo sabemos no?, esta en el aire y en todo ... la pregunta aqui es, lo alcanzaremos?.
Gracias por inmortalizar esa noche en palabras.
ecucharte ...? siempre!

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